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domingo, octubre 23, 2011

Jona y Arturo en la Ciudad de los Brujos.

En una lúgubre cueva vivía un grupo de niños, estos niños habían huido de la gran guerra y se habían refugiado allí. Estos niños podían ser Españoles, Judíos o Alemanes, Rumanos o Rusos o de muchas nacionalidades, pero la imaginación de los niños es universal y no tiene fronteras, así que, qué más da de donde fueran.

Allí vivían los niños de los que trata esta historia, eran cuatro hermanos que habían perdido a sus padres y el mayor, Jona hacía de padre y madre.

Jona, de tan solo 12 años se encargaba de salir a cazar, traer comida y cuidar a sus hermanos y a otros niños que vivían el gruta. Todas las noches, cuando los rayos de la luna se filtraba por los pequeños agujeros del techo, Jona les contaba cuentos a los niños como hoy os los cuento a vosotros. Los chicos vivían en un mundo de brujos, brujas, dragones, magos y todo tipo de fantasías.

Un día, Arturo uno de los chicos, después de pasarse tres días pendiéndole a la mañana, tarde y noche(ojalá hubiese podido decir que fue a la hora de desayunar, comer y cenar, pero solo comían una vez al día, cuando conseguían comer), que por favor le enseñase a cazar vampiros de tierra. Tras tanto insistir, Jona accedió a llevarle por los pasadizos prohibidos en busca de tan temibles alimañas.

Salieron temprano a colocar las trampas, iba a ser un día muy largo y seguro que iba estar plagado de aventuras. Arturo soñaba con que quizás se le ablandase un poco el corazón a Jona e incluso le dejase explorar fuera del laberinto.

Jona le advirtió a Arturo que había que estar siempre muy callado, ya que había terribles monstruos en el laberinto y que tenia que estar tan, tan callado que solo oyese el latir de su corazón. Desde luego esto a Arturo no le resulto difícil porque estaba tan emocionado que su corazón palpitaba como si fuera un timbal.

Arturo llevaba mucho tiempo sin salir de la gran sala donde vivían y la galerías se le hacían extrañas, de pequeño las tenia mucho miedo, solo Jona sabía salir del laberinto y muchas veces había tenido pesadillas con aquellos pasadizos oscuros. Pero Jona ya le había dicho muchas veces que no podía tener miedo, que el era Arturo y los Arturos nunca tenian miedo, además ya tenia casi una mano entera de años y era muy mayor para esas cosas.

Ya volvían de la cacería, cuando Jona y Arturo pasaron cerca de una gatera que daba al exterior. Quédate aquí y no te muevas, le dijo Jona a Arturo mientras el se metía en la gatera. Al salir Jona descubrió un gran tesoro, y volvió a gruta para avisar a Arturo.

-Arturo, Arturo, ven aquí- le gritaba Jona desde la boca de la gatera.

Arturo se emocionó, iba a volver a ver la ciudad de los brujos.

Es verdad, no os había hablado de la ciudad de los brujos. La cueva en que vivían nuestros protagonistas no estaba en una gran montaña o en un oscuro bosque, sino que era cueva enorme que estaba bajo la gran ciudad del los Brujos. Los brujos eran personas grandes muy muy malvados que vivían solo para hacer ruido, correr y hacer extraños conjuros. Hacían conjuros para todo, para moverse, para dominar a las bestias, para hablar con otros brujos y también para matarse entre ellos. Jona les había contado que había una gran guerra entre los brujos grises y los brujos verdes y por eso a veces oían grandes truenos sin que hubiese lluvia, porque los brujos se tiraraban truenos y rayos unos a otros.

Los brujos era malvados, pero bastante tontos, y casi nunca miraban más allá de sus narices, así que era fácil robarles sus tesoros. Por ejemplo, Jona les había contado que aquella gruta había sido escavado por enanos que querían robar todo el oro que había en la ciudad de los brujos, y que incluso todavía había alguno pululando por el laberinto y por eso había que tener siempre cuidado.

Como os he contado, los brujos eran muy tontos, pero no así las brujas. Las brujas eran terriblemente listas y eran muy peligrosas ya que como todos los niños saben las brujas algunas comen niños. Afortunadamente, había pocas.

A ver, por donde estábamos…..Mmmmm ya me acuerdo, estábamos en que Jona iba a buscar un tesoro en la ciudad de los brujos.

Justo, cuando Arturo asomó la cabeza por la gatera, vio como una bruja cogía a Jona y se lo llevaba. Arturo se quedó paralizado dentro de la gatera, aterrado, temblando de miedo. ¿Cómo podía ser eso? Pensó, él, Arturo, no podía tener miedo. Y se decidió ir a rescatar a Jona.¿ Que habría sido de Hansel si Gretel no se hubiese enfrentado a la Bruja? y además él no sabía volver a la guarida así que se decidió a luchar hasta la muerte por su hermano.

Arturo, estaba aterrado, y se había quedado paralizado viendo como se llevaban a su hermano. Ahora, ya recuperado, se dirigió hacia donde se dirigía la bruja malévola con su presa.

Tras uno minutos andando cuidadosamente, Arturo se dio cuenta de que era invisible, nadie le miraba. Todos los brujos y brujas andaban cual zombis si ton ni son por aquella ciudad. A lo lejos vio un gran agujero del que salían miles y miles de brujos y brujas, allí debía estar el cuartel general y su hermano seguro que estaría allí.

Para entrar allí Arturo tuvo que superar miles de trampas; Molinos de Aspas de espada, escaleras que andaban y muchos obstáculos más.
Bajo mil y una interminables escaleras, que por supuesto debían conducir al mismo horno del infierno. Hasta que llegó a una grandísima cueva. En dos filas se hallaban los brujos, dispuestos a invocar a algún demonio de las profundidades y así al poco tiempo un estruendo anunciaba la inminente llegada de la bestia. Tenia uno ojos gigantes, llenos de fuego, y mil bocas. El monstruo se detuvo en mitad de la estancia y abrió sus bocas.

Al instante, como poseídos todos los brujos se lazaron corriendo en las fauces de la bestia, y el pobre Arturo se vio arrastrado también.

Arturo, se acurruco en rincón oscuro, dentro de la tripa de la bestia y agotado se durmió.

De repente despertó. Era extraño, le pareció seguir durmiendo, porque era todo otra vez oscuro y sin embargo tenia los ojos abiertos. Es sintió tonto, pues claro que estaba despierto, y aun dentro de la tripa de la bestia. Al principio no pudo reconocer el lugar, sin el fuego en el techo y con todo lleno de brujos, ahora vacío. Era obvio que la bestia estaba durmiendo.

Tenía que salir de allí, aunque no sabía ni donde estaba, no podía olvidar que Jona podía estar apunto de ser devorado y él tenia que luchar hasta el final.

Con gran esfuerzo consiguió abrir as fauces del monstruo y salir de su tipa. Imaginaos la cara que puso Arturo cuando vio un millón de monstruos como ese todos durmiendo placidamente. Arturo intento no hacer ningún ruido para no despertarlos, pero su corazón retumbaba como si en vez de corazón tuviese todo el eco del mundo allí atrapado. Sentía que en cualquier momento se le iba a salir por la boca.

Un grito. Seco. Arturo se gira y ve a un brujo le lanza una rayo de luz. Corre, corre y corre. Corre porque es su ultima esperaza, corre porque le va ha estallar el corazón, corre para salvar a su hermano, corre porque solo puede correr. Y vive dios que jamás niño de piernas tan cortas corrió más. Pero no fue suficiente y el brujo le atrapó.

Agotado ya de patalear y intentar dar un mordico letal al brujo, rendido por el momento, se dejó llevar. Quiso llorara de rabia, pero no sabía. En la cueva estaba prohibido llorar, porque atraía a las alimañas, y ya se había olvidado de cómo se hacia.

Le obligaron a sentarse en un artilugio de madera con patas. Mientras el brujo hablaba con un aparato negro del que salían sonidos de ultratumba.

De esperar en aquella oscura estancia y de lo agotador que es mantener aquella rabia, Arturo volvió a caer en los brazos de Morfeo.

Al despertar, estaba en una cama, como aquellas con las que soñaba desde que huyeron de su casa durante la gran tormenta. Y a su lado, Jona. Una lagrima salio del fondo de su corazón, subió por la garganta y le nació en el ojo. Abrazó a su hermano con todas sus fuerzas, mientras este le consolaba.

Aquella noche, el cuento trató de que no todas las brujas son malas, sino que la mayoría de las brujas, son hadas disfrazadas.

Así, la bruja que secuestró a Jona, pasó a ser su Madre hada, o mejor dicho hada madrina y rescató a todos los niños de la cueva.



Años después, Arturo se reía de su propia imaginación que veía vampiros de tierra en las ratas, demonios de mil bocas en el metro y de lujosa cueva su mugrienta cloaca.
Y es que la imaginación de un niño es su única arma.(Basado en hechos reales)




Pmisson.

sábado, julio 02, 2011

NO VOLVAIS LA MIRADA

Un Caballero encontró a otro en una de las esquinas del castillo de Camelot y cuando se acercó, comprobó que este estaba llorando.

Despacio, como caminando con rencor se acerco a él, le levantó la cabeza, y le inquirió dulcemente:

-¿Por qué lloráis joven Caballero?

El segundo hombre le miró y dejó de llorar , y sin quitar la vista del primer Caballero dijo:

-He perdido todo lo que tengo, me han dejado Señor.

-Veréis, yo sabía que tenía que suceder por el cómo habían pasado estos días pero siento que me muero por dentro, me muero Señor.

-Veréis -exclamó el primer Caballero- no soy nadie para aconsejaros puesto que se lo que sentís, pero tan sólo dejadme que os de mí opinión sobre lo que es el amor.

Ese amor que ahora sentís y que en vuestro caso es destructivo e incluso aniquilador, porque estoy seguro que no pensáis en vuestra vida ahora y sí en que os gustaría que os la quitasen.

Yo también he amado, he amado con locura Sir, con tanta pasión que ninguna constelación hubiera podido ponerlo en duda. Tanto que habría dado cualquier cosa del mundo por conservarla.

Pero dejad que os diga lo siguiente:

Sí alguna vez conquistáis una estrella, si alguna vez lográis que la misma brille por vos, sí alguna vez conseguís eso, no permitáis que cambie de color, ni que deje de brillar.

Y si cambia de color Señor, y teniendo el punto de partida de que el amor puede ser tan hermoso y brillante como una estrella pero tan destructivo como un huracán, por vuestra vida caballero, no gastéis ni tiempo en coger vuestra armadura y corred, corred hasta que os duelan las piernas, porque sería fatal y destructivo para vos.

Quizás la muerte sería un principio de una agonía aún mayor, quizás ello sería tan solo el principio, así pues por vuestra vida... huid caballero y por mucho que lloréis, por mucho que os cueste, mataros a correr y no volváis la mirada.

Y si esa misma estrella pierde su brillo Señor, si deja de brillar no os lo plantéis tampoco. Poneos vuestra mejor armadura, vuestra mejor insignia, vuestro mejor uniforme y llamadla, luego rozadle la mejilla con dos dedos dulcemente y susurradle:

"Habéis brillado para mí, ahora dejad de estar pálida y marchita con mi presencia"

Después de eso, girad sobre vuestros talones y salid por la puerta.

Sólo cuando la hayáis cruzado, sólo entonces podréis llorar, pero llorad tranquilo, pensad tan solo que una vez brillo para vos y por vos, pensad también que fue vuestra, y aunque se que no os servirá de consuelo pensad que no todos los Caballeros consiguen ese brillo alguna vez, y como os dije:

"No volváis la mirada"

Y diciendo esta ultima frase el primer caballero giró sobre sus talones y no volvió la mirada por segunda vez, no lo hizo.

SIR KEN MASTER

Rescatada de "La dama del Lago"

domingo, diciembre 03, 2006

Érase una vez un castillo que soñaba,

Érase una vez un castillo que soñaba,

Este castillo no era como los de más, era hijo de mil y un arquitectos, moriscos, cristianos y de mil culturas más. Este castillo podría estar en cualquier punto de España, pero este castillo realmente existe y vive en el alma de cada uno de ellos.


Él aún recordaba como pequeñas hormiguitas, los hombres, subieron piedra a piedra con sudor toda una montaña antes de divisar aquella colina, ¡Cuántos mulos, yeguas y pollinos subieron la empinada cuesta! Y tras mil y un sufrimientos, azotados por las incursiones enemigas, en el tiempo que una golondrina hace su nido, se alzó majestosa aquella atalaya.


Bien lo recordaba, primero la atalaya morisca, después fue la torre del señor cristiano, más tarde el patio. Porque él era castillo más suntuoso en su época y ahora, aunque arruinado, es el único que resiste en la región.


Qué daría él por poder saludar a la torrecita que había en la loma del pueblo de al lado, de la que tantas veces antaño se había reído. Que ilusión habría sido volver a ver un caballo entrar por la muralla del pueblo.


Nuestro castillo se dedicaba todo el día en recordar y recordar, y recordando se le venia a la cabeza aquella vez en que le conquistaron, y como sin que los mismos franceses lo supieran. Él mismo abrió un poco el ala sur y apareció un pasadizo secreto y para así poder ser reconquistado.


También recordaba las grandes historias de amor que en su precioso patio de mármol tuvieron lugar, o las memorables escaladas que a algunos atrevidos llevaron al lecho de alguna perversa doncella.


Pero ya hacía tiempo en que todo aquello había pasado, y ahora sus dueños habían decidido abandonarle. La señora, (¡¡¡que horror de señora!!!), tenia la fijación de que ese castillo era frió y anticuado y que ahora la nobleza vivía toda en la capital. ¡Como si en la capital fuese haber patios labrados más bonitos que el suyo!, o ¡como si alguien fuese a preferir a las estrellas de la noche serrana a las de las huidizas estrellas de la ciudad!.


Desde luego, era algo que él no podía comprender. ¿Quién querría irse de allí? Al fin y al cabo ¿él no los protegía de las mil y una guerras que acechan el mundo?, ¿qué casa o palacio podía existir mejor que él?, que en si mismo era una obra de arte; pensaba al mirar los fantásticos lienzos y tapices que había en sus salones.


¡Aquella señora era una bruja!, no podía ser otra cosa, qué ser sino querría desearle tanto mal.


Poco a poco, aquella, le fue robando todos sus tesoros, y nuestro castillo fue cayendo en la melancolía.


Aún se contentaba viendo su patio barroco, saludando a las nubes, a la Luna y al Sol. Asomándose a sus grandes balcones. Y día a día, noche a noche, el castillo se fue aletargándose y comenzó a descuidar su aspecto.


Dejó que mil plantas entrasen en él, y que la gente le robase sus muros, piedra a piedra. A nuestro castillo ya todo le daba igual, solo vivía para mantener impoluto y a salvo su precioso patio de mármol.


Todo hacía que pensar, que este día iba ha ser como otro día cualquiera, el sol salía por el este, la luna se ponía por el oeste…. pero no iba a ser así, un extraño hombre con extraña indumentaria abrió el portalón.


¡Qué bien!- pensó nuestro amigo. Después de tanto tiempo alguien se volvía a interesar por él. Decidió impresionarle y pidió al roció que limpiase cada escultura y relieve de su patio. Aquel extraño personaje debía de adorarlo tanto que tendría que quedarse allí a vivir.


Y al entrar el humano en el patio…. Se quedo paralizado, como si su alma hubiese abandonado su cuerpo y un demonio usase ahora sus huesos. Recorrió durante una hora aquel patio, deteniéndose en cada grabado en cada figura.


El castillo maravillado, al irse el visitante quedó más que satisfecho.


Tres días más tarde sucedió la tragedia. Temprano, volvió a ver a aquel extraño ser subir por la cuesta, pero segundos después, mil dragones y bárbaros asomaron tras de él. Impunemente entraron en sus entrañas y seccionaron pieza a pieza su fabuloso patio de mármol. ¡Donde estaban ahora todos sus caballeros para defenderle! ¿Quién era aquel demonio que le robaba lo único que quería y quedaba? ¿Dónde se hallaba ahora su orgullo?


Sus suplicas se oyeron en todo el valle, y como veía que nadie venia en su ayuda decidió sacrificar su torre este lanzándola sobre aquellas bestias. Pero todo fue inútil.


Al anochecer del tercer día, ya solo quedaban columnas desnudas en su patio. La ira le arrebato la razón. Desde entonces cada vez que alguien se adentraba en sus dominios, llamaba al viento para que ululase por sus pasillos… llamaba al rayo y al trueno para espantar a los intrusos, reclutó mil murciélagos, búhos y ratones para ahuyentar a todos los humanos. Pero así solo consiguió quedarse aún más solo. Ya en el pueblo no le respetaban y admiraban como antaño. Ahora le unían. Nadie quería vivir cerca del castillo maldito y dejaron de mirar arriba de la colina.


Así de puro aburrimiento nuestro castillo calló dormido profundamente….


Al principio todo era oscuridad, era la primera vez que nuestro castillo dormía ya que siempre, aunque aletargado, había estado alerta.


Un día, unos niños, se adentraron en el castillo. Al principio con miedo, pero al ver que el castillo dormía, se fueron adentrando pasito a pasito al principio, como el que acecha a una feria salvaje, pero una vez dentro perdieron el miedo.


Pronto los niños tomaron confianza y se pusieron a jugar entre sus almenas y pasadizos. Unos hacían de reyes, otros de caballeros, moros, cristianos, mosqueperros, magos y princesas. El castillo fue haciéndose el lugar preferido de juegos de la pandilla.


Al poco tiempo, el castillo abandono su oscuridad onírica para adentrarse en un mundo de color, los juegos de los niños se convirtieron en realidad dentro su mente. Otra vez veía caballeros luchando cuerpo a cuerpo entre sus almenas, princesas, brujas y hadas, doncellas, donceles…por fin conoció al gran mago Merlín y al rey Arturo, pero de pronto despertó. Aquellas visiones no eran más que el fruto de los juegos de aquellos chiquillos.


Aprendió a querer a aquellos niños que le habían enseñado a soñar y jamás permitió que les pasara nada. Cinco mil días pasaron, hasta que aquellos niños abandonaron el pueblo, pero aquellos niños le habían dado el mayor regalo, los sueños.


Ahora, ya se no aburría nunca, de cuando en cuando soñaba que era un castillo en el aire y viajaba por todos aquellos lugares que siempre soñó ver. Otras veces soñaba en ser estrella de cine, como el castillo de la cenicienta. En alguna ocasión soñó con sus padres, cuando paseaba sobre sus pasillos.


Pero si duda alguna su sueño favorito era el de ver otra vez a aquellos niños jugando entre sus almenas.


Desde entonces, solo los niños y jóvenes audaces eran admitidos en el castillo de los sueños.


Pero un día, alguien se acerco a al portaron. Parecía una persona mayor, pero….era extraño. Tenía ojos de niño. Una ráfaga de viento le empujó hacia dentro y paso a paso el niño adulto fue recorriendo cada estancia del castillo, y a cada paso una lágrima caía en su corazón. El chico parecía ver fantasmas en cada rincón. Veía cosas moverse, risas de niños.


A la salida ambos, castillo y hombre se miraron por última vez aquel día. Le a había reconocido, aquel hombre no era un hombre, era uno de los niños que crecieron entre sus paredes.


Días más tarde, volvió a verle subir la cuesta, y tras el, otros mil dragones le siguieron. Pero él sabía que esta vez todo sería distinto. Aquel niño-hombre sufría tanto como él al ver su ruina y el niño no podría hacerle daño sin repudiar su alma antes.


Los dragones se convirtieron en ángeles que repararon cada una de las heridas que el tiempo, las guerras y los desalmados le habían causado. En apenas un suspiro el mismo se sentía haber vuelto a nacer.


Ahora contaba con muchas más cosas. Una gran biblioteca donde leer y cultivarse (dentro de poco hasta las universidades tendrían que respetarle), una gran comedor lleno de suntuosas mesas y al fondo un magnifico piano de cola. Pero lo que más ilusión le hizo es sentir de nuevo gente dormir en sus entrañas.


Otros sueños aprendió, y mil parejas conoció, en aquel, su palacio por un día.


Pero algo afligía todavía al castillo dentro de toda aquella felicidad, nunca pudo dar las gracias al niño-hombre por aquel regalo tan maravilloso que le había dado. De esta manera, un día que este se dirigía a hacia sus aposentos, él entre abrió la puerta de la biblioteca, invitándole a entrar. El hombre fijo sus ojos en el hilo de luz que de la biblioteca emanaba y se decidió a entrar.


Vio, que la lumbre estaba encendida, y la luz eléctrica apagada. Sin saber porque, el hombre se dirigió a su sillón, frente a la lumbre y se dispuso a sentarse. Pero había un libro en el sillón. Un libro que nunca había visto antes, en el lomo decía…. Castillos de Leyenda. Cogió el libro por la página por la que estaba abierta y se sentó.


Comenzó a leer el libro, y vio que el capitulo hablaba de un castillo encantado. Y encantado quedó el hombre y poco a poco, página a página el libro fue robándole la conciencia y justo antes de caer en el mundo de los sueños, el castillo le susurró…


“Érase una vez un castillo que soñaba…”


Si alguna vez lees esto y despiertas en un castillo, realmente no lo leíste, sino que el castillo te habló en sueños, como a mí me pasó.


Pmisson

domingo, noviembre 19, 2006

La caja de música

Era una cajita de madera noble, apenas adornada escondía en su interior un tesoro de valor incalculable. La caja se aburría en la estantería de la tienda. Y es que no destacaba mucho dentro de aquella gran tienda de antigüedades llena de curiosidades, cachivaches inservibles la mayoría.

Una tarde de otoño, una niña abría sigilosamente en la tienda, como si no quisiera despertar a todos aquellos objetos que dormían profundamente arropados por su manto de polvo. Poco a poco la puerta se iba abriendo e iba divisando nuevos tesoros, una mecedora como la de la abuela de Blanca nieves, unos zuecos, en el fondo una rueca como la de la bella durmiente, un viejo aspirador que habría jurado haber visto alguna vez usar a Samanta, unas bicis oxidadas.... Su padre le había contado que allí se guardaban todos los objetos que salían en los cuentos.

Su ojos se abrían cada vez más mientras terminaba de abrir la pesada puerta, los abría tanto que parecía que en vez de ojos usase gafas. Entonces la puerta chocó con el carillón que avisaba al tendero de que alguien entraba y Cliklines sonaban sobre su cabeza.

Asustada salio corriendo fuera de la tienda, casi sin mirar atrás, salvo ... en el último momento, cuando jadeante pasó la última esquina.

Pasaron dos días hasta que se atrevió a volver por allí, esta vez miro muy detenidamente a través del escaparate, entre el bosque de redes y cañas de pescar que se interponían visualmente entre ella y la puerta.

Agarro el pomo con firmeza. Cuidadosamente lo giraba y de nuevo comenzó a empujar la pesada puerta. Ahora, en vez de fijarse en las maravillas que había en el interior de la tienda, tenía la mirada puesta en lo alto, fijándose de que en esta ocasión la puerta no chocara con las campanillas.

Contuvo la respiración y paso su pequeño cuerpo por la abertura que quedaba antes de que la puerta provocase el estruendo. Ya dentro volvió a cerrar la puerta tan sigilosamente como pudo.

Aquello era impresionante, había todo tipo de cosas, instrumentos de música, espadas oxidadas, muebles llenos de curvas, nada parecido a sus rectos armarios. Quería llevarse algo de allí, ella también quería su propio cuento, pero había tantas y tantas cosas que no sabía que elegir.

En el altillo de la librería del fondo había un sombrero con una pluma, esta alto pero... quizás trepando por la librería... Se subió a una silla que había junto a la librería, de ahí al aparador y... casi, pero no. No llegaba. Al bajar del aparador se dio cuenta de que casi había pisado sin querer una polvorienta cajita. Bajo y la cogió.

Tenía muchísimo polvo, al asirla sus manos se volvieron grises y al soplar para quitarle el polvo una nube la impidió ver durante varios segundos.

No mejoró mucho el aspecto de la cajita, por lo que empezó a pasear por la tienda buscando algo con que limpiarla hasta que encontró unos pañuelos bordados. Con cariño fue limpiando la caja y lo que parecía una simple caja empezó a revelar unas preciosas incrustaciones de madera que formaban la imagen de una torre junto al mar, contra la que rompían las olas.

Algo en su interior la decía que no debía abrir la caja, pero era tan bonita, tan delicada que no podía resistirse. Estaba segura que dentro encontraría una perla, un cabello, un mapa. No sabía que había dentro pero estaba segura que de la traería alguna aventura.

Puso la caja sobre su mano izquierda y comenzó abrirla con la derecha... Tal era su ansia que la abrió de golpe y dos sílabas escaparon de la caja. Dos sonidos que despertaron cada uno de los dormidos objetos que allí se encontraban y más aun al tendero que empezó a gritar, "¡Quien va!".

Pero la pequeña niña ya había cerrado la caja y abierto la puerta con el consiguiente estruendo cuando oyó aquellos gritos. Corrió y corrió, esta vez sin mirar atrás.

Llegó a la puerta del jardín de su casa, allí se detuvo un momento a pensar, que en su casa no podría tampoco oír lo que aquella cajita contenía sin que la escucharan. ¿Cual podía ser un buen lugar para escuchar aquello?

Miró la caja y su dibujo la dio una idea. Una torre junto al mar... ¡el faro!, allí rompían las olas y azotaba el viento, nadie la oiría.

Ando durante más de una hora hasta el espolón, y allí abrió la caja. Una bella canción se sonaba en las entrañas de la caja de música. No tenía mecanismo, y parecía que la pequeña cajita no tuviese fondo. Era un pequeño agujero del que salía una leve brisa y una suave canción.

Entonces se abrió la puerta del Faro. Nunca había estado arriba y pensó que sería un lugar fantástico para oír a solas la melodía. Comenzó a subir por aquellas escaleras interminables con la caja en sus manos. Pensando, deseando conocer a quien tan bella voz tenia, quizás arriba, en la lámpara de ese viejo y abandonado faro pueda escuchar mejor la canción. Una voz, sin duda de cuento... que cuento sería aquel, ella no lo había leído.

Siguió subiendo paso a paso, mirando de vez en cuando por los ventanucos por los que podía ver como el Sol iba a ponerse en poco tiempo.

Siguió subiendo, pero empezaba a estar algo mareada, era como si el faro se moviera.

Al fin vio la trampilla que daba a la sala de la lámpara. La escalera estaba oscura y solo se distinguía puerta por los últimos rayos de sol que se filtraban de manera difusa por la misma. Abrió de golpe la trampilla y al salir un reflejo en la lente del faro la cegó por un momento y tropezó dejando caer la caja.

Que golpetazo se dio en la cabeza, quedó inconsciente. Al rato se despertó. Todo parecía extraño, todo menos el Sol, que se encotraba en el mismo lugar.

Ahora tenía unas grandes manos y llevaba un curioso vestido, pero lo que más le extrañó es que no veía su caja de música. Se incorporó y ahora que levantaba la vista no podía reconocer nada de lo que veía. Las seguían siendo blancas las paredes pero un blanco nacarado, y ya no había rastro de la lente del faro. En vez de aquello había un balcón en frente suya. Se incorporó y comenzó andar hacia el balcón. Al salir pudo ver que ya no se encontraba en un vulgar faro, sino en una torre de marfil y plata junto al mar.

¿Qué hacía ella allí?, ¿qué había pasado?. Penso en la canción, en ella tenía que estar la respuesta a tanto misterio. Empezó a cantar lo poco que había retenido de aquella canción, de aquella melodia de la brisa marina. Entonces.... todo cobró sentido.

Suya era la voz que cantaba, y suyo era el cuento al que pertenecía la caja. Quién sabe como acabaría, no la importaba porque se había cumplido su deseo. Ya era protagonista de su propio cuento.

martes, octubre 31, 2006

Estrella de Mar y El tránsito de Venus

Una vez soñé que era estrella de mar
y como estrella en el firmamento quería estar.
Nadé hasta la superficie, para más arriba llegar.


Allí de noche era,
y mil estrellas me quisieron besar
mas la noche termina con el primer rayo de sol.
Sol que me sacó del sueño
rayo que tocó mi corazón
mas dulce sueño era
y despertar me costó.


Benditos rayos que tocais mi piel.
Sol que me das calor
¿donde escondiste las estrellas de mi ensoñación?
y el Sol me dijo,
-buscalas en tu corazón-.


A la noche siguiente
volvia ser estrella de mar
mas esta vez
una golondrina me quiso ayudar.

Vuela golondrina vuela
que el día esta al llegar
y al menos una
una estrella
quiero tocar.



Las estrellas, estrellas buscando están
mas solo una falta para terminar el ajuar.
La más bella,
la han de encontrar.

La estrella que falta
con el Sol danzando va.
El firmamento desesperado,
la estrella y el Sol se van a casar.

domingo, octubre 22, 2006

El cuento que un cuento me contó(versión remix manuscrito-contado)

Hoy voy a contaros una historia que no me la contó ninguna persona, sino que fue un cuento, el que me contó como surgieron los cuentos.


Aquel cuento, en sueños, me contó como los cuentos surgieron hace, más o menos…. 2 millones de años, cuando tan solo había hombres en el mundo en una pequeña región de África.


Estaban un padre y un hijo que habían salido a cazar leones, pero tras una dura tarde de caza, se habían alejado del poblado y tuvieron que dormir bajo un árbol en medio de la sabana.


Poco a poco ambos se fueron durmiendo, a pesar de los esfuerzos del padre para no dormirse ya que temía que pudieran atacarlos en la noche. Así, el padre, en sueños, abrazó a su hijo y juntos, muy juntos pasaron la noche. Tan juntos dormían que sus cabezas, estaban una junto a la otra.


Tan juntos os digo que tenían las cabezas, que hasta las ideas de uno y del otro podían saltar de una cabeza a otra, y así, una de las ideas más traviesas, la Fantasía, saltó de la cabeza del hijo, a la cabeza del padre.


La Fantasía empezó a dar vueltas buscando más ideas, pero todas estabas muy ocupadas, la idea de león, persiguiendo a la idea de gacela, la idea del padre acariciando el pelo de la idea de Madre y así todas y cuando fantasía vio que todas las ideas la ignoraban empezó a sentirse triste y aburrida. Cuando, vio al fondo otra idea que estaba más aburrida que ella.


Fantasía se acercó poco a poco a esa extraña idea que también ignoraban las demás.


Era una idea extraña y desconocida para la fantasía, parecía una idea vieja, que suspiraba sin cesar, mirando a lo lejos, despreocupada de lo que ocurría en aquel sueño.


Fantasía se acercó sigilosamente por detrás. Y con nocturnidad y alevosía, Fantasía salto bruscamente por encima de ella y la espetó: “¡¡¡¡Buh!!!!”


¿Quien eres, por qué estas tan aburrida? – Preguntó la Fantasía


“Soy la Historia” – respondió la otra idea-“déjame que estoy intentando recordar. A ver…, esta mañana…, a ya, nos hemos levantado y…”


Y así se quedó la Fantasía, escuchando la Historia durante un rato, hasta que la Historia empezó a recordad uno de los momentos de la caza del día anterior:


H: “… y entonces el león que estaba entre los árboles, miró fijamente a la gacela, esta le vio y salió corriendo…”


F:”¡¡Qué interesante!! Y.. ¡¡que más, que más dime, qué hizo el león!!?


H:”Pues nada, sabía que no podría alcanzar a la gacela y se quedó allí quieto”


F: “¡¡ Pero que rollo!! y eso es todo lo que pasó. Yo creo que no. Yo creo que cuando el león miraba a la gacela, la hablaba y se contaron un montón de cosas y después el león conmovido por la historia de la gacela la dejó escapar. O mejor, no la dejó escapar, ellos dos habían quedado para después…”


H: “¡¡Pero que me estas contando!! no, no, no, las gacelas y los leones no hablan, ¡¡déjame que me distraes!!” y así siguió recordando la Historia. Pero la Fantasía no la dejaba en paz, y mezclaba sus recuerdos con la Fantasía y así toda la noche.


Era una estampa graciosa, la Fantasía no hacia más que dar vueltas a la Historia y la Historia intentando poner en su sitio a la Fantasía. Tras muchas horas, de tanto discutir se hicieron amigas y descubrieron que juntas se divertían mucho más.


Al despertar, la Fantasía seguía en la mente del Padre, que se dio cuenta de cómo su hijo, había despertado antes que él y estaba tiritando de miedo. Porque los ojos de un león los observaban desde la oscuridad de la sabana, pocos segundos antes de que el primer rayo de Sol tocase la tierra.


Al final no pasó nada, pero el hijo, temblaba de miedo cada vez que pensaba en los ojos del león, y por ello, el padre, pregunto a la Historia como podía quitarle el miedo a su hijo. Ella, la Historia no sabia que hacer, entonces la Fantasía que aun daba vueltas por allí le dio una Idea. Entre las dos, la Fantasía del hijo y la Historia del Padre, crearon una nueva idea, la Idea de Cuento.


A la noche siguiente el Padre, para que su hijo perdiera el miedo a los ojos del león y se durmiera le contó el cuento del El León y la Gacela y de aquella manera su hijo recuperó la Fantasía y el Padre no se durmió y tranquilo, bajo las estrellas, cuido de su hijo.


Aquella noche, había surgido una nueva idea, y eso no pasaba todos los días. Solo las estrellas la vieron nacer.


Años después, cuando el hijo era padre y el padre ya había muerto, y el hijo-padre tenia a su hijo, le contaba el mismo cuento a su hijo. Y la magia no era que él hiciera perder el miedo a su hijo, sino que cuando lo contaba, la Historia de su padre estaba otra vez con el y así de nuevo era él el que pasaba miedo en la sabana y sentía el calor del su padre. En aquellos momentos, ni la muerte les separaba y tan solo estaban, a eso, un cuento de distancia.


Con los años, milenios y milenios, la idea de cuento se multiplicó por el mundo de las ideas y de los niños, padres, madres, amigos y amantes. Pero esta historia se perdió.


Pues solo las estrellas la vieron nacer.


Una noche, dormía yo y todos mis miedos me acechaban, mi estrella bajo de los cielos y durmió conmigo y juntos, muy juntos, en sueños un cuento me contó. Y aquel cuento, me contó este cuento, que ahora yo os cuento.


Y así, ahora, otro cuento tan solo nos separa y aunque millones de kilómetros, miedos e historias nos separe. La verdadera distancia que hay entre nosotros, es esa. Tan solo un Cuento.


Para vosotros mis amigos, comparte este cuento que nos une y que mis estrellas me contaron aquella noche.


Pmisson