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martes, diciembre 18, 2012

Preturbando el camino

El seguía caminando, estaba anocheciendo aunque aún se podía ver a lo lejos su hogar, a casi dos jornadas de distancia. Podía divisar aun el pico de la Almenara, al cual aun llegaban los últimos rayos de sol de ese largo día de verano.

En breves horas por fin podría consultar su guía, su carta celeste y salirse del camino marcado para así intentar acercarse, al menos en espíritu un poco más al camino que le llevaba a donde nacen las estrellas.
Caminaba absorto, disfrutando de los últimos cánticos de las aves diurnas antes de que los murciélagos y búhos reclamasen su reino. Poco a poco las nubes rosas se hicieron rojas y finalmente azules, camufladas en los tonos marinos del cielo. Aun no podía divisar su carta, y parecía que por primer día tendría que dormir solo en el campo. Esto, la idea no le era grata, muchas veces haa dormido solo, bueno sin compañía humana cuando cuidaba el rebaño de suo, pero, al menos tenía a las ovejas y al perro pastor. Qué daría el por tener a su lado al viejo Adive.
Mas..., se estaba acercando a un bosque, pronto tendría que seguir el rastro estelar entre las ramas de las hayas. El hayedo era grande largo y oscuro. A cada paso que daba la ramitas crujían, y todo el canto nocturno se detenia. Aquel maravilloso canto nocturno. El, que siempre había sido criatura nocturna contemplativa no sabía moverse entre las sombras sin perturbar la paz del bosque.
Empezó a su andar, ¡sus pasos roman la paz! él estaba destruyendo su noche perfecta su noche idílica tan solo por estar allí, el sobraba en aquel bosque. Se hizo un ovillo y en silencio, por dentro, sin pensar demasiado alto para intentar no ahogar un eventual sonido de paz que volviese a darse. Pero, no, no, como podía ser, el ... el hacia como si no estuviese allí, ¿por qué no volvía la noche?.
Entonces vio los ojos de una loba y un lobo que lo observan, se acercaron mansos, y se acurrucaron con el. A su calor, el peregrino empe a cerrar los ojos, y cuando la nana de los corazones de los lobos consiguieron que su alma se fundiese con la tierra en la que yacía, volvió a escuchar. No sabía si era sueño o realidad, pero volvía a oír al búho, el aleteo del murclago...Ya soñando, otra vez se hizo el silencio y aterrado se despertó.Ahí estaban los lobosn a su lado, se despertaron, se alejaron tan sigilosamente como habían venido. Sin perturbar tan siquiera el vuelo de un mosquito. Entonces lo entendió. eran sus pensamientos solo lo que perturbaba la noche, en no sentirse parte natural de ella. Lo lobos, realmente se movían y perturbaba el bosque igual que él. Pero latían con el bosque, eran parte de él. Él ahora tenía que se dejar sus pensamientos volar y disolverse en la noche

Ni
ebla. Olas, tormentas. Ahora no tenía esos problemas que tuvo en el bosque. Sabía que el mar no se poa dominar. Había que tomar las olas con la misma cadencia de tu respiración. Uno si quea vivir en el mar, tenía que ser parte del mar.

Cuando se es parte del mar no se puede perturbar el mar mismo. De nada sirve maldecir los vientos, las nieblas. Están ahí para quitarte o brindarte los tesoros ocultos del mundo. Solo hay que dejarse llevar, y soltar el timón cuando las fuerzas de la naturaleza así lo indican. Y saber ser uno con el mar.

jueves, agosto 25, 2011

A donde te lleva el camino

Pasaron los días y tras andar y andar. Solo durante la noche siguiendo el camino de las estrellas. Un día llegó al mar. Pero aun no había encontrado lo que buscaba. Allí no acababa el camino. El camino continuaba en el cielo. A lo lejos, en la playa había un pequeño barco de pescadores. Las señales del cielo eran claras. Debía continuar.


Habían pasado ya muchos años desde que se hizo a la mar. Muchos años desde que comenzó el camino. Pero tras tantos años todo seguía igual. Más cansado pero igual de perdido. Perdido en un mar inmenso del que se sentía dueño dentro de su cascaron.

El recuerdo de las sirenas, de las musas, de la campesina seguían con el durante las noches. Pero al amanecer, volvía a ver, algunas veces, la estrella. El camino que le hacía continuar y marcaba su rumbo. Siempre más allá, siempre al horizonte.

Aun así, estaba perdido. Pero que más da estar perdido, si sabes a donde quieres ir y disfrutas del viaje. Por eso dentro de la melancolía del mar, de las estrellas y la noche. El era feliz.

sábado, junio 11, 2011

sábado, abril 30, 2011

Temblor

Habían pasado ya 3 años desde que habían llegado a aquella isla. En ella habían encontrado la paz y la tranquilidad. Buena pesca y refugio ante las galernas. Aquel era el refugio perfecto.

Sin embargo, tantos años allí ... habían hecho pensar a más de uno que aquel lugar les pertenecía.

El capitán, no pensaba lo mismo. Sabia que la nadie puede poseer y dominar a la tierra.

Pocos miraban a lo alto de la montaña de fuego que había en el centro de la isla, salvo el. Era su lugar favorito de la isla. En sus cuevas, podía sentir el calor que había perdido hacia tantos, y tantos años.

Pasaron semanas y ambos sabían que quedaba poco para el final del camino. El seguiría su camino de estrellas y ella ... ella debía volver. Llegaba la época de la cosecha y debía regresar a recoger lo que sembró y abandonó hacía ya varios meses.

Ambos lo sabían, pero ninguno quería tomar la decisión, ninguno quería pensar en que recodo se separarían y qué noche sería la última en que dormirían uno junto al otro viendo las estrellas.

Paseaban por el camino, cuando encontraron a una mujer vendiendo jugosas fresas. Fresas silvestres, fresas de verdad. Ella llevaba años buscando aquellas auntenticas fresitas, no podría desaprovechar aquella oportunidad y la vieja, no sin algo de trabajo por parte del peregrino y la campesina, les dijo donde podrían encontrarlas.

Estaban en lo alto de un cortado, a dos jornadas de camino de allí. El sabia que no podría trepar hasta allí, ella era joven y ágil y treparía sin problema. Llegar al alto por el camino que solía ir la vieja les llevaría al menos 5 jornadas, ella podía hacerlo solo en dos. De esta manera, decidieron que ella iría a por las fresas y él la esperaría en aquel lugar.

El camino era algo angosto, nada similar a los campos de su hogar, donde la esperaban tantas cosas que había dejado allí. A la noche llegó a la base del cortado, descansó y soñó.
Soño, que estaba de nuevo en casa y toda la cosecha esta lista para recoger. Todas las frutas listas para ser degustadas, todo lo que hacía unos meses era un erial muerto, ahora era un vergel. Pero, cuando despertó se dio cuenta de que esta muy lejos de allí. Antes del amanecer, comenzó al escalada, no le costó mucho trepar por aquellas piedras afiladas, aunque resvaladizas, llenas de musgo y líquenes.

Al llegar a lo alto, en una sombra bajo los arboles, encontró las fresas. Cogió una mata y probó una de esas deliciosas fresas. En ese momento salía el sol, sin embargo, ella no pudo ver más que un rayo filtrado a traves de las hojas del bosque.

En aquel momento, supo que no podría abandonar al peregrino, ya que le tenia embrujado y el no la dejaría ir. Allí, mientras el Sol salía, ella rompió el hechizo. Solo allí, lejos de aquellos ojos verdes, podría hacerlo. Los hechizos, se sienten a distancia, y el , sabía que se había roto. Sin embargo, el no estaba con ella por el hechizo, el veneno que le infectó hacía años ya había perdido su efecto. El, ahora, le había entregado medio corazón, el hechizo estaba allí, pero el amor es la magia más poderosa, más que cualquier hechizo.

A la vuelta, ella se sentía culpable, al mirar a los ojos de él. Ella no sabía como, pero sabía que el notaba lo que ella había hecho. Pero ... ahora todo eran dudas. Esos ojos verdes ...., intensos, ese corazón, ... ese calor... no los encontraría en ningún lugar.¡¡Qué había hecho!!!
Pero ella debía volver y el no podía acompañarla.

El peregrino la miraba, veía como ella se ahogaba en sus dudas. El no era su dueño, solo su esclavo, hasta hacia muy poco que ella había roto el hechizo. El lo había notado, como un puñal en el corazón, aquello le dolió, pero no le dolía ni la mitad que ver como se apagaba.

El sabiendo lo que sabía y que cuando ella se fuera, el quedaría partido en dos, sabía que no podía, ni quería retenerla, así que decidió liberarla. El había sido el esclavo, pero tan esclavo del es esclavo es el mamo, como el amo del esclavo. El también la había embrujado a ella, con amor y cariño, pero sabía que debian separarse.

Estaban sentados en un tronco del camino y el la miro a los ojos, después al camino que ella sabía que quería tomar, después , el camino de las estrellas. El miró su bordón y y después su camino. Se intentó levantar para dejar que ambos siguieran su camino, pero ella no le dejó. Ella temblaba y le agarraba como si una parte de si misma se separa se de ella. Se abrazaron, hasta que llegó la noche. No podían despegarse el uno del otro. Hasta que finalmente, el cansancio les cerró los ojos.

A la mañana, todo había cambiado, ella sabía que debía dejarle ir, ella debía volver atrás a por aquello que había olvidado. Él, volvería con ella, pero sería abandonaro todo y ella no se lo iba a permitir. Se abrazaron, se besaron y el repasó una vez más cada cabello, cada irregularidad de su cuerpo, la besó y le dijo "hasta luego". Como esperando, que aunque sus caminos se separaban, quizás para siempre, algún día esos caminos se volvieran a encontrar. Sabía que en realidad, al menos el, siempre llevaría una parte de ella con él. Ella no podía ser feliz siguiendo un camino que no era el suyo.

El volcán había explotado, todo iba a cambiar. Las sirenas le habían llevado a aquella isla hacia mucho tiempo, pero sabía que la búsqueda no había concluido. Debían zarpar inmediatamente, antes de que una ola gigante se tragara la isla o el fuego del volcán arrasara la vida. Quizás podrían quedarse en la isla, en la península sur, pero la isla estaría muerta, no podrían sobrevivir.

Cogieron los botes a toda prisa, el capitán había ordenado zarpar de inmediato.

El capitán, no podía dejar la isla, la sentía ya, como si fuera parte de si. Todo temblaba y ardía a su alrededor. Como buen capitán esta dispuesto a humdirse con la isla, sin embargo, la isla tenia otros planes. Una bomba le golpeó la cabeza y le dejó inconsciente. La tripulación le metió en un bote y remaron hasta el barco.

Cuando despertó, ya estaban lejos. El no quería dejar la isla, no podía. Pero la isla no quería que muriese allí. Era ya de noche y se veían a los lejos los fuegos del volcán. No podrían volver en varios meses a aquella isla y aunque volvieran, estaría desierta. Quizás, más adelante podrían volver, pero ya no sería la misma isla. quien sabe si otros piratas se habrían hecho fuertes en ella.

Pero, no era momento de seguir pensando en lo que habían perdido. No se veía la estrella y no tenían víveres para un largo viaje. Debian buscar otras islas donde repostar y continuar la aventura.

jueves, agosto 23, 2007

Despido al paraíso

Viaje sin final
dando vueltas por el mundo
en triste soledad.
Tanta gente entro en mi vida.
Nada que salvar,
solamente tu...


Fría realidad,
me golpea el pensamiento.
Busco libertad,
tocar la luz y oler el viento.
No hay quien amar,
solamente tu...

Entre mis manos llevo una canción
y en mis oídos tu voz.
Cierro los ojos y te veo danzar sola
al ritmo del desamor.

Despido al paraíso,
al fin cambio mi rumbo
y sigo tu señal.

Despido al paraíso,
siguiendo este camino
¿donde acabará?.


Suave amanecer,
se despierta un alma inquieta,
nada que perder.
Si se lanza al mar abierto
¿quién me salvara?
Solamente tu.

Entre mis labios llevo tu sabor,
brilla en mis ojos tu Sol.
Abro mi mente y descubro un mundo nuevo,
Edén solo para dos.

Despido al paraíso,
al fin cambio mi rumbo
y sigo tu señal.

Despido al paraíso,
siguiendo este camino
¿donde acabará?.


Canción de Amber May

miércoles, mayo 23, 2007

La rebelión de la musas



Aquella noche, como tantas otras que le habían precedido, el una vez más yacía junto a la campesina. Pero el no sabía que aquella noche no iba a ser como las demás. No se había dado cuenta de que no están solos.

En el silencio de la noche, de su aliento iba poco a poco exhalando un misterioso vapor. Unos cuerpos iban formándose, esculpiendo se a partir de aquella extraña niebla. Las reconoció inmediatamente, que había pasado grandes y maravillosos momentos con aquellas vaporosas figuras. Eran sus musas, aquellas que le habían acompañado tanto en los momentos de soledad. Sin embargo, esta vez no venían contentas y graciosas como de costumbre.

No, esta vez venían con mala cara. Y es que miraban a la campesina con rencor, con envidia.

No había palabras, ellas no actuaban así. Pero sus miradas lo decían todo.

Miles de susurradas palabras venían a su mente (usurpadora, entrometida, ladrona...). Su corazón latía más rápido. El sosiego de la noche iba desapareciendo para en su cabeza comenzar una batalla de palabras recuerdos imágenes sentimientos. Caricias abrazos puestas de sol suspiros y entonces despertó. Allí estaba. Ella no era vapor. Podía morderla, podía abrazarla sin que se disolviera en el aire, podía conocerla y explorarla. Sabía o intuía que era esclavo de un encantamiento pero sus vaporosas musas no podían arrancarlo de él. Ya que el enfermo de amor, no quiere ser sanado.

¿Como habían llegado aquella isla? Los marineros estaban perplejos, todos rumoreaban sobre aquel susurro que oyeron en la anterior noche. Fue un canto de sirena, una sirena que cantaba a las estrellas.

viernes, febrero 02, 2007

Tierra a la vista

Han pasado muchos meses desde la última escaramuza. Parece que este nuevo rumbo nos lleva a terrenos fértiles para la piratería. La tripulación esta contenta, el botín es cuantioso y aunque hemos al final el palo mayor cedió, ha sido reparado y el resto del barco esta en perfectas condiciones. Y sobre el puente... el capitán sonríe.

Nos dirijimos a una isla, una isla perdida en el oceano, un oasis entre las estrellas y el mar.

Hace frio, mucho frio. Sin embargo la peregrina esta a mi lado aún. Me mira, me sonrie sin cesar. Me reta. En medio de la nieve, bajo la luna llena. No puedo dejar de seguirla, me lleva a la cima de la montaña, en la noche. Solos la nieve, la montaña, la luna hechicera y nosotros.

Subimos, escalamos, piedra a piedra, adentrandonos en la jungla de zarzas. Pinchan, desgarran, pero... no las siento. Solo siento su mano que me dirije a la cima. No sangro, toda mi vida esta concetrada en un solo punto, en un solo lugar, en un solo latido, su latido, su mirada, sus ojos.

Ya estamos arriba. Vemos toda la tierra, todo el camino por recorrer, todo iluminado por la luna.
La luna se va tornando roja, mientras nos abrazamos, mientras nos enlazamos el uno con el otro, mientras comenzamos a ser uno solo.

Al descender la montaña, con sus labios estrae una a una las espinas de mi piel, que ya es su piel. Ya no puedo escapar, el veneno a llegado al corazón.

El capitan despierta, y ve en su mano aun una de las espinas clavadas, quizás allí para la eternidad. Pero sonrie, con una sonrisa extraña, misteriosa, pero sonrie.

viernes, noviembre 24, 2006

La peregrina

Habían pasado ya varios dias, y la andeana había dejado sus que haceres y ahora hacia el camino con él. Él no se lo había pedido, pero estaba allí a su lado, rozandole la mano, mirandole de manera lasciba y cariñosa alternativamente.

Él se preguntaba por qué estaba ella allí, acompañandole en el camino durante tantos dias. Su compañia era agradable y su calor en la noche dulce manjar al que era dificil resistirse. Era extraño porque la campesina viajera parecia leerle la mente en muchas ocasiones, pero aun apesar de su indiferencia ella continuaba cogiendole la mano.

Había deseado muchas veces tener compañía en el camino, pero nunca había encontrado nadie que fuera en su dirección. Sus musas eran su única compañia, las que le hacian caricias en la noche, las que despeinaban en la madrugada, eran perfectas pero frias. Ella no.

Él no la amaba, pero su sortilegio hacía que no pudiera separarse de ella. Era algo que le castigaba a cada paso juntos, sus ojos no brillaban como los de ella, ¿por qué ella seguía a su lado?.

No hablaban, no hacía falta. Las miradas lo decian todo. Las palabras solo eran una gota en un mar de miradas. Cuando él sentía frio, la miraba intensamente a los ojos de ella e inmediatamente ella con una sonrisa pícara sabía lo que tenia que hacer para cambiar eso.


Ahora después de tantos años ya sabía porqué ella estuvo allí. Ella sabía que su resistencia era inutil, y que el veneno ya estaba dentro, solo era cuestión de tiempo y alguna que otra dosis más hasta que el corazón dejase de latir de manera autónoma. Entonces sería suyo para lo que quisiera, tendría un agradable juguete. Y él no se daría cuenta hasta que ya fuera demasiado tarde.

Ahora en la mar no pensaba mucho en aquella compañera del camino. Solo cuando el viento arreciaba con gelido aliento y se sentía frío y solo en el puente dirigiendo la nave. Había muchos tesoros, tantos como estrellas, pero solo merecía la pena buscar aquellas estrellas brillantes que estanban en el horizonte. Quizás algún día le devolverían el calor perdido y marcasen un nuevo rumbo. Rumbo allí, donde él no podia llegar.

lunes, noviembre 13, 2006

Tras el Huracán

Ya había pasado el peligro, sin embargo el capitán seguía en el castillo de proa, solo. Tan solo quedaban en el barco el vigía y algunos juguetones delfines que acompañaban al navío.



Podía ver se el camino a la luna iluminado en el mar.



El capitán seguía con la mirada en su barco, oyendo, escuchando, sintiendo. Miraba al vació con una leve sonrisa al principio con una leve mueca al final. Ahora sabía algo, por fin había llegado el esperado día. Lo había visto desde la distancia de los años. Sabía que algún día llegaría si bien nunca pensó cuanta de su sangre tendría que derramar para llegar a verlo. Quizás nadie puede comprender como la madera puede echar raíces en los hombres.



Los veía trabajar como piezas de un reloj, volar como una bandada de jóvenes aves surcando el cielo en formación aprovechando cada ráfaga de viento, unidos contra el ataque del halcón. Alternándose con una dulce parsimonia a la cabeza de la formación.

Ellos cuidarían bien de su barco. Se habían enfrentado a un temible huracán, le pareció el huracán más dulce que jamás había atravesado.



Los Huracanes siempre eran peligrosos y bellos. Esta vez desde su castillo había podido contemplar pasivamente la lucha del barco y tripulación contra las olas, las quebradas figuras que dibujaban los rayos y finalmente el ansiado fuego de San Telmo. Esta vez tan solo una mirada a un cabo suelto fue necesaria por su parte para ayudar a su tripulación a capear el temporal.



Ya no era su barco, las golondrinas lo conocían y manejaban mejor que él mismo.

Sabía que algún día dejaría ese barco, quizás antes de lo que él mismo imaginaba, pero estaba tranquilo. Su espíritu estaría con esas maderas durante años, aunque no él no estuviera presente.



Su tripulación estaba contenta con los tesoros conseguidos, más el tesoro que él perseguía no podía guardarse en las bodegas. Entonces miraba al cielo y contemplaba los infinitos diamantes que adornaban la noche. Él estaba tristemente feliz, sabía que su felicidad era fruto de la calma tras la tormenta, por que él era feliz con esa vida, luchando contra las tormentas, amándolas buscándolas, domándolas o siendo domado por ellas. Pero no podía dejar de buscar, tenía que ir más allá, a donde se encontraba La Estrella.

Siempre que veía su fantasma en el horizonte se le escapaba, estaba empezando a convencerse que con su amado barco nunca la alcanzaría, pero aún no había llegado el momento de cambiar de barco. Quién sabe cuando llegaría ese momento. Ese día se levantaría por la mañana y lo sabría.

miércoles, noviembre 08, 2006

El rugir de la Tormenta

Ya se oyen los truenos, aunque aun no llueve. El mar esta picado. Todo el mundo anda en cubierta poniendo a punto en buque para pasar otro huracán. Se esta haciendo de noche y es difícil seguir el rumbo. Las linternas se apagan con el agua de las olas y difícil comunicar las ordenes con el rugir del viento.

La cueva, el refugio, aquí no hay donde esconderse. No como entonces....

El verano estaba acabando y nubes negras se divisaban en el horizonte, pero el camino estaba siendo más agradable que de costumbre. Una lugareña le estaba acompañando este tramo y la conversación era agradable, tanto que sin pensar donde les llevaban sus paso se acercaban poco a poco a la tormenta.

Al principio suaves gotas resbalaban por sus capas y sombreros de paja, pero al rato grandes pedriscos caían del cielo. Ella al momento le rozo la mano, le guiño un ojo y desapareció tras el rayo.

Desconcertado no sabía donde ir ni que había pasado con aquella mujer. Sus ojos se fijaron en otro lugar en el que el rayo habían tocado tierra. Parecía que en medio del acantilado. Salió corriendo dejando atrás su bordón hacia la cueva que allí se hallaba.

Al llegar le pareció ver y oír algo en su interior, un resplandor extraño como nos ojos y una voz. A oscuras fue dando pasos en la cueva. Al principio podía caminar erguido pero poco a poco tenía que ir agachándose. Era una cueva enorme, o al menos eso le parecía por el eco de los truenos.

Poco a poco el sonido de los truenos dejo de oírse para pasar al más absoluto silencio.

Era extraño porque a pesar de que estaba en la más absoluta oscuridad podía andar por esa caverna como si del mismo vientre materno se tratara. A ondando paso a paso en las entrañas de la cueva. Danzaba en la oscuridad siguiendo las extrañas e inconscientes instrucciones del silencio.



Entonces resbaló. Cayó varios metros por una especie de tobogán hasta que se freno suavemente al llegar a la horizontal. En aquel silencio, en aquella oscuridad sin estrellas sintió un aliento calido. Noto un cuerpo junto al suyo, un cuerpo desnudo, dormido. Estaba asustado, temblaba pero el calor del cuerpo le atraía y suavemente entro en trance.

Un sueño, fuera de si mismo pensaba: no puede ser real, nadie entra y cruza un gruta a oscuras, todo esto tiene que ser un sortilegio.¿Quien es la que yace a mi lado?, ¿será la aldeana que apenas conocía? Pero, como habrá llegado aquí,¡¡¿como he llegado yo aquí?!! Parece su aroma.... si al menos...pudiera...pudiera...


Antes de que terminara su pensamiento, su deseo, una suave caricia salio de los labios de ella hacia los suyos.

El respiraba su alma, el tacto de sus labios con los suyos. Ella estaba apoderándose de él, estaba adentrándose en su ser, estaban trabados uno junto al otro enroscados. Cada respiración era la del otro, el tiempo se había detenido, su cuerpo ya no era suyo. Ella lo controlaba, sus labios pegados, su lengua dictaba las ordenes. Ordenes sin palabras. Aire compartido, calor compartido.

Cuando ella le había por fin transmitido todo su aliento dejo escapar sus labios.

¿Qué era aquello maravilloso que le había hecho esa mujer? Una orden, y él se dispuso a cumplirla. Las puntas de sus dedos recorrían suavemente los salientes, curvas, valles y collados de la topografía de su compañera de oscuridad.

Delicioso paseo por la suavidad del desierto calido de su vientre, rico manantial de su boca, dulce y salado rió de sangre en su cuello. Intrigantes cortados en sus afiladas manos.

Suave exploración que hacia que su corazón latiera cada vez más rápido. Notaba que la tormenta ya no estaba fuera, estaba en su interior. Era como si los vapores respirados de su compañera estuvieran condensando en su adentros. Aire, sentía que era un vendaval recorriendo las sierras, colinas y bosques. Sentía penetrar por cada cueva de aquellas montañas. Sentía estremecerse la tierra.


Sus labios era la lluvia que humedecía su boca, su pechos y colinas. Unas veces fuerte aguacero otras leve chirimiri. Sus manos vendaval que recorría con ahínco su cuerpo, acariciándolo, buscando. Buscando cumplir las órdenes, buscando la cueva.

Entonces súbitamente la tormenta descargó, todo el bosque, la cueva, todo se vio inundado por la lluvia y el huracán. La tierra se estremecía, estaba volviendo a su ser, sus vapores entraban de nuevo en ella y con una suave gesto calmó la tormenta.

Entonces solo quedó la oscuridad y su calor.



Cuando abrió lo ojos estaba solo, pensando que aquello efectivamente no había sido real. Sin embargo, esta en la entrada de la gruta y no en sus entrañas. La gruta no era producto de su imaginación. Al poco rato por la entrada de la gruta entraba la lugareña, con un brillo especial en los ojos, algo que no tenia el día anterior y una sonrisa picara. Traía el desayuno. Y con un ligero beso en los labios y un guiño le dio a entender que ella era la que le había robado el alma la noche anterior.



Sin abrir la boca, ni pronunciar una palabra, hablando en silencio, los dos continuaron el camino.

Al bajar de la gruta, recogió su olvidado bordón y juntos prosiguieron el camino.



Ahora la tormenta estaba ya aquí. Y en este inmenso mar no había cuevas o refugios, ni compañeras en el camino. Tan solo las musas le acompañaban y sus tripulación.

Antes de que las nubes de tormenta cubrieran todo el cielo, le había parecido ver La estrella, justo después de desaparecer el Sol. Allí, en el horizonte. Pero... ya era tarde y ya la había divisado otras veces en vano. Ahora solo quedaba enfrentarse a la tormenta y olvidar antiguas aventuras en tierra. Lo peor era saber, que aquello no fue un sueño.

martes, octubre 24, 2006

Ser uno

El seguía caminado, estaba anocheciendo. Se podía ver a lo lejos su hogar, a casi dos jornadas de distancia. Divisaba aún el pico de la Almenara, al cual todavía llegaban los últimos rayos de sol de ese largo día de verano.



En breves horas por fin podría consultar su guía, su carta celeste y salirse del camino marcado para así intentar acercarse, al menos en espíritu un poco más al camino que le llevaba a donde nacen las estrellas.


Caminaba absorto, disfrutando de los últimos cánticos de las aves diurnas antes de que los murciélagos y búhos reclamasen su reino. Poco a poco las nubes rosas se hicieron rojas y finalmente azules, camufladas en los tonos marinos del cielo. Aún no podía divisar su carta, y parecía que por primer día tendría que dormir solo en el campo. La idea no le era grata, muchas veces había dormido solo, bueno sin compañía humana, cuando cuidaba el rebaño de su tío, pero, al menos tenia a las ovejas y al perro pastor. Nunca había dormido tan aislado. Solo, él y sus pensamientos. Qué daría el por tener a su lado al viejo Adive.



Más, se estaba acercando a un bosque, pronto tendría que seguir el rastro estelar entre las ramas de las hayas. El hayedo era grande largo y oscuro. A cada paso que daba la ramitas crujían, y todo el canto nocturno se de tenia. Aquel maravilloso canto nocturno. Él, que siempre había sido criatura nocturna contemplativa no sabia moverse entre las sombras si perturbar la paz del bosque.


Empezó a sudar, ¡sus pasos rompían la paz! él estaba destruyendo su noche perfecta su noche idílica tan solo por estar allí, el sobraba en aquel bosque. Se hizo un ovillo y en silencio, por dentro, sin pensar demasiado alto para intentar no romper la armonía del bosque. Pero, no, no, como podía ser, él... él hacía como si no estuviese allí, ¿por qué no volvía la noche?



Entonces vio los ojos de una loba y un lobo que lo observan, se acercaron mansos, y se acurrucaron junto a él. Al calor de sus cuerpos, el peregrino empezó a cerrar los ojos, y cuando la nana de los corazones de los lobos consiguieron que su alma se fundiese con la tierra en que yacía, y…. volvió a escuchar. No sabía si era sueño o realidad, pero volvía a oír al búho, el aleteo del murciélago...Ya soñando, otra vez se hizo el silencio y aterrado se despertó.



Ahí estaban los lobos aún a su lado, se despertaron, se alejaron tan sigilosamente como habían venido. Sin perturbar tan si quiera el vuelo de un mosquito. Entonces lo entendió. Eran sus pensamientos solo lo que perturbaba la noche, el no sentirse parte natural de ella. Los lobos, realmente se movían y perturbaban el bosque igual que él. Pero latían con el bosque, eran parte de él. Él ahora debía que se dejar sus pensamientos volar y disolverse en la noche.



Niebla. Olas, tormentas. Ahora no tenía esos problemas que tuvo en el bosque. Sabía que el mar no se podía dominar. Había que tomar las olas con la misma cadencia de tu respiración. Uno si quería vivir en el mar, tenia que ser parte del mar.

Cuando se es parte del mar no se puede perturbar el mar mismo. De nada sirve maldecir los vientos, las nieblas. Están ahí para quitarte o brindarte los tesoros ocultos del mundo. Solo hay que dejarse llevar, y soltar el timón cuando las fuerzas de la naturaleza así lo indican. Y saber ser uno con el mar.

jueves, octubre 19, 2006

Un punto de apoyo

Hoy la lluvia no cesa, y el navio a tenido que arriar la velas para impedir que el mastil se derrumbara por el peso del liquido elemento.

El mastil, dañado en la última escaramuza, era aun el original de este parcheado bergantín. A la tripulación le daba mala espina, aquel mastil les habia acompañado durante largo tiempo y su flexible y dura madera. Numerosas velas se habian rasgado antes de hacer temblar el mastil de la nave, pero aun así la mirada del capitan no terminaba de gustar a nadie. Le miraba con resentimiento, pero el mismo jamás permitió que nadie grabase en el palabra alguna. Todos sabian que para el capitan dentro de su cuerpo, que era el barco mismo, el mastil era aquello que le permitia moverse, maniobrar, escabullirse y enfrentarse a todos los peligros sin temor. La velas se rasgaban, el no. Había soportado las mayores tempestades, sufrido en grandes batallas, más, nunca habia cedido cuando los otros palos lo hicieron.

Sin embargo, el capitan le miraba con odio. Solo algunos de los marinos más antiguos podian distinguir algo más. Era un brillo sutil, una nota la sinfonia del odio, pero estaba ahí. Sus ojos, entre cerrados de la rabia, no dejaban ver lo que para los que comenzaron con el la primera travesia era evidente. Realmente no llovia.

El capitan estaba maldito, y por orgullo se maldijo a si mismo. No podia permitir que su tripulación le viera flaquear y así cuando el agua salada se acumulaba en su interior, nubes de rabia aparecian por el horizonte y al instante comenzaba a diluviar.

De aquel arbol, de aquel espriritu había surgido su bordon su pierna y su barco. Aquel espiritu que le ayudó a llegar donde estaba, parecia crujir de dolor. Ya antes habia crujido, ¿pero cuanto más aguantaría?. Sabía que aunque perdiera su mastil seguiria hasta el fín, pero aquel pedazo de madera había hechado raices en su interior.

Ya habian recojido las velas, ahora no se le oia sufrir. La lluvia habia cesado, más una niebla espesa rodeaba el barco. El capitan ya no estaba en el puente, andaba por las montañas camiando despreocupado hacia el suroeste.

A lo lejos, en lo alto del collado había algo clavado en el suelo. Era un palo, era una estaca, al lado del camino habia un hombre anciano, junto a su cabaña. Cuando hubo llegado al collado, el anciano le miraba fijamente. El intrigada se la devolvio.

Anciano:-Joven es tus ojos veo que tu camino será largo, más te valdría coger un buen apoyo.-
Joven:- Yo soy joven y mis piernas fuertes, no necesito un bastón para ancianos. Puede que usted, que esta medio ciego lo necesite, pero yo me sobro con mis piernas.
A:-El camino a las estrellas no es sencillo, muchacho, si quieres llegar algún dia allí habras encontrar un lugar donde apoyar te cuando desfallezcas, pues el camino es largo.
J:-¿Comó sabe usted cual es mi camino?
A:- ¿A caso hay más de uno? , si tu pregunta es por que un pobre ciego conoce tu destino, te diré que el no ver la luz no es cerrar los ojos, pues la respuesta es sencilla. Los pasos de quien anda hacia algún lugar de la tierra y suenan como mazas que machacan la tierra. Los que andan en sueños apenas rozan el suelo, y los que como tú persiguen las estrellas, siemplemente no se os oye andar, ya que cada paso sabeis que no estais más cerca de alcanzarlas y tan solo vuestra respiración os delata.

Ante tamaña sorpresa, el peregrino cogió en bordon clavado en el suelo y continuó su camino, esta vez con un punto de apoyo.

El mastil, al fin y al cabo era el punto de apoyo de las velas, que hacen volar el navio, sin mastil, se puede sobrevivir, pero nunca llegar a las estrellas.

martes, octubre 17, 2006

El primer paso


Hace tiempo que partió del hogar de la inocencia y sin embargo sigue persiguiendo nubes, fantasmas y castillos en el aire. El amanecer, ese instante de paz antes de que suene la campana del puente. Ese instante en que las musas se hacen corpóreas y el pasado, presente y futuro se mezclan. No es ni hoy, ni ayer ni mañana.



Tan solo el sonido de la brisa marina rompe el silencio. Cuando termina una peregrinación, empieza la siguiente. Igual que en el día, no hay un momento de paz solo instantes.

¿Cual será el rumbo para el día del hoy?. A lo lejos, en las horas previas a la aurora había unas luces en la costa.

¿Qué le había llevado tan lejos?, que paso tras paso le habían llevado a donde no se puede caminar.

¿Qué buscaba sin cesar recorriendo las costas de medio mundo?

Quizás el primer rayo de sol tenga las respuestas, o quizás sea mejor no pensar en ellas. Quizás lo mejor sea y tan solo seguir adelante, adelante , adelante, sin poder avanzar.

Una imagen. Un martillo de hierro golpeando el rojo metal. Como el rojo de las nubes al amanecer. Lava incandescente. El no golpea el hierro, el no forja. Un hombre oscuro y misterioso lo hace. Aquel hombre conocía el camino, aquel hombre sabía que había más allá del valle. Sabía que había más allá de la ciudad. El hombre sabía, sabía transformar la piedra en metal.
El había decidido ir más lejos, quería saber... donde nacían las estrellas. Al oeste, decían todos.
Desde allí, no podía ver el lugar donde nacian, las montañas se lo impedia. Por lo que una noche del final del verano comenzó el camino. Hombre oscuro le miró antes de partir, y le entregó dos cosas, una espada(para que jamás tuviera que rendirse) y un extraño artilugio para mirar más allá. El le miró, y palabras salieron de la boca del hombre.

-Hijo, yo buscaba la libertad y la encontré construyendo cadenas. Tu buscas estrellas, camina, navega, vuela, pero serán las estrellas ellas las que te encuentren a ti.


El Sol ya ha matado los tonos rojos que teñían las velas de su navío. Era hora de hacer trabajar a esos holgazanes, ya era hoy y no había un segundo que perder.